Koe No Katachi: Pedagogica, tragica y hermosa.

 

Aproximadamente hace un año, Hideaki Anno afirmó que la animación japonesa desaparecería en un lapso no mayor a 10 años; Días después se disculpó argumentando que se refería a un cambio en la forma y estilo de realizar la producción más que a una extinción en sí. Mientras  él declaraba esto Koe No katachi (una voz silenciosa) llevaba un año de haberse estrenado con cifras y críticas por demás interesantes, y es que, lo resaltable de esta cinta es que resulta ser una producción que basa más el éxito en contar una historia que puede tener varias lecturas que en la forma de hacerlo; Clasificar a esta película como una cinta acerca del acoso escolar es cometer el primer gran error, algo que precisamente tiene que ver con las declaración de Anno acerca del hecho de que casi no existen buenas historias llevadas al anime en pantalla grande, una de dos: O nunca la vio o algo en ella no le agradó del todo, porque resulta increíble lo que uno se encuentra sentado mirando mientras mira la pantalla.

En sus años de primaria Sho Ishida era un niño alegre que disfrutaba de una vida sencilla, sus amigos lo estimaban y era parte de un grupo social donde encajaba perfectamente hasta que al salón de clases y por ende a su vida llaga Shoko Nishimiya, una niña de buen corazón que se comunica a través de señas, que no puede entonar de manera correcta las palabras y además utiliza un pequeño aparato en el oído izquierdo. Todas estas características y el no saber cómo enfrentar “lo diferente” crea un ambiente hostil alrededor de ella del cual Sho se convierte en el principal actor que se vuelve de manera gradual en un monstruo azuzado por sus amigos hasta que logra su objetivo: un día Shoko desaparece y todos en la clase reciben la noticia de que ha decidido cambiar de escuela debido al acoso que sufría en su clase. Al saber esto el profesor culpa al niño de ser el principal acosador y esté último para salvarse y evitar la vergüenza reparte la culpa entre sus amigos, lo que desencadena que el acoso que sufría Shoko ahora lo sufra él además de tener que reparar el daño que sus acciones causaron a la niña y la deshonra que su madre enfrentó al resarcir el daño que ocasionó su hijo. Pasan los años y nos encontramos de nuevo con Ishida, ahora un joven deprimido por una culpa que no ha podido eliminar, en una escuela donde no tiene contacto con nadie y con el peso de haber sido señalado como un buleador desde su primer día de ingreso por su mejor amigo de la infancia que a manera de venganza soltó el rumor entre la clase, así Sho decide hacer dos cosas: La primera buscar a su excompañera de primaria Shoko para disculparse, para ello aprende lenguaje de señas; la segunda es cometer un suicidio para evitar la soledad y la culpa que aún siente por su pasado.

A partir de ese momento, se construye una relación entre los dos que cambia su manera de ver el mundo pero sin poder eliminar el sentimiento de culpa aún y con el perdón de ella, no así el de su madre quien le tiene rencor y también un personaje de la familia Nishimiya que se encarga de descubre los sentimientos de Shoko y Sho a partir de la situación que los rodea. De aquí en adelante la historia se desarrolla en una especie de montaña rusa de emociones, desencuentros y un constante sentido de culpa y soledad que todos los involucrados temen aceptar excepto Sho que trata de perdonarse a sí mismo.

De todas las lecturas que puede tener una cinta como esta, me quedo con la que habla de la soledad; Todos los personajes que aparecen tiene un cierto       grado de abandono, algunos los expresan y en otros ya es parte de su vida diaria, me atrevo a decir  que el tema del acoso se va un segundo plano a partir de que el personaje que lo sufre logra expresar otros tipo de emociones, me explico: Hay tomas y momentos en los que se le puede ver comunicarse y transmitir emociones a través de loa pies, las manos, la mirada e incluso con las palabras que si bien no se comprende tanto, el sentimiento con el que habla lo expresa muy bien, he ahí un gran acierto de la directora Naoko Yamada. Otro gran logro son las metáforas que se muestran durante la cinta como las marcas de tache que aparecen alrededor de Sho en personas que están a su lado o que conoce que reflejan el estado emocional del personaje, pero de todo me voy con la ironía que muestra en ciertos momentos, en especifico de un personaje en particular: Kawaii, que se trata de una niña y una adolescente que emana perfectamente lo que esta palabra significa (En Japón ese término se utiliza para describir algo como “bonito” o “lindo”) con una voz dulce, una apariencia inocente y mona pero que en realidad resulta ser un personaje hipócrita que no sabe aceptar una culpa y con una pasividad ante la vida que no hace sino ironizar sobre este concepto muy famoso entre los seguidores de anime.

Tomas y escenarios de técnica rotoscopica, además de un diseño de personajes fuertemente inspirado en los trabajos del mangaka Masakazu Katsura  y una banda sonora minimalista con un estilo que va del Avant Garde japonés a un piano lento y suave que decora las secuencias de una manera por demás  sublime sumergiendo al espectador en la convención de la película de una mera eficaz y contundente es de las mayores aspectos a destacar de esta filme. Una película como Koe No katachi deja al espectador con varias dudas ¿Qué vi? ¿Es una película del género de drama escolar o acerca del suicidio? ¿Es necesario el acoso que se muestra al principio? Y respuesta a todas es si, la historia lleva distintos niveles de reflexión que van de lo personal hacia lo social, es pedagógicamente perfecta los primeros veinte minutos y después se convierte en drama combinado con pequeños toques de humor que van quitando tensión acumulada que se va dando durante el desarrollo, una película imperdible en una era en la que el género de animación japonesa se ha llenado de clichés y falta d creatividad para contar historias.

 Quizás el mensaje final que yo entendí de esta cinta es que no es necesario tener un problema de sordera para no entender el mundo, a veces tenemos los oídos y nuestros sentidos cerrados y ajenos a lo que sucede a nuestro alrededor y eso impide más que cualquier capacidad diferente que puedas llegar a tener. Una historia de soledad y redención creo yo.

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